Todo, o mucho de lo que veo, me lleva inevitablemente a recordarte.
Miro la televisión, te veo. Escucho música, te siento.
Estoy tan rodeada de vos, y vos de mi,
que el límite de cada una de nosotras es cada vez más difuso.
Lo es y para bien, me gusta.
Pero a veces, como ahora, me urge la necesidad de tenerte acá,
porque no puedo soportar ver a una pareja de la mano o besándose, y no pensarte;
no tolero ver que en mi placard cuelgan tus camperas
y no poder decirte “amor, parece más tu habitación que la mía”;
me irrita querer decirte te amo miles y miles de veces
mientras te acaricio, y no poder hacerlo…
Entonces, es ahí cuando decido descargar escribiéndote.
No tengo muchas más opciones, de todas maneras.
Quiero que sepas que ser parte de vos y de tu vida, me reconforta mucho;
que vos seas todo eso que sos en mi vida, también.
Mi compañera, mi amor, mi cómplice, mi anhelo.
Sos mi pareja, y con eso ya digo todo.
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