28 dic 2012

Detalles

Muero sólo porque tengo tu perfume en mi estante.
También tengo el vaso de agua al lado de la cama, que significa que hoy volvimos a hacer el amor.
Están tus clips en mi mesa de luz, está tu cartera sobre mi cama.

Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio, y coincidir ..
(me encontré con este mural también, al terminar de escribir la entrada... Destino?)

24 dic 2012

Casi fin de año, casi un texto completo

Pensar que estamos llegando al final de un año tan movido e intenso, parece increíble.
Contra toda expectativa, y aun con idas y vueltas llenas de miedo y angustias, permanecimos juntas.
Porque no sé vos, pero yo...
Te quiero de una manera que percibo gigante, sin límites. Te quiero en tu dulzura y tu bondad, te quiero en tus enojos y berrinches, te quiero con tu carcajada contagiosa, en tu sonrisa que lo dice todo. Te quiero en esos ojos infinitos como el cielo, que también lo dicen todo.
 Porque me gustaste de pies a cabeza cuando te conocí, y experimentar lo que es el roce de tus labios, tu lengua, tu respiración, todo tu cuerpo... ¿Cómo no ibas a gustarme más?
Así que te agradezco por todo eso. Por obnubilarme y también por dejar que te conociera entera para amarte con mayor intensidad. Agradezco lo que pasó en este año porque me hizo crecer muchísimo, y a vos, y a nosotras como pareja! Dudo tener marca mayor que aquel 31 de octubre, las fechas cercanas a fin de 2011, el 14 de enero y sus días sucesivos..
Y quisiera... Seguir queriéndote siempre, y que me quieras. Dejar de construir barreras entre nosotras.
Volvamos al puente de códigos cómplices, besos, caricias. Todo lo que nos une.

P.D: Encontré una frase que no sé de dónde es, pero mirá: "Te quiero para un café, dos cigarros, cien besos, mil caricias y toda la vida" ♥

23 dic 2012

Amor

Tu mirada que me diluye y me vuelve a construir. ¿Sos vos? ¿O es el reflejo de mi que veo en tus ojos?
Nuestro reflejo, nuestros tiempos, nuestro espacio.
Sos vos diciéndome "estoy acá, te amo", mis ojos responderán "nunca me fui, te amo".
Sorpresa de sentir tanto, de percibir la burbuja que se crea alrededor, del amor tan real.
¿El amor puede diluirse? ¿La pasión de siempre, las ganas?

1 dic 2012

"Terapia de soledad"

Querido mío: Aquí estoy, en mi isla, que no es exactamente eso, ya que no está rodeada de mar sino de vegetación, de árboles, de campo propiamente dicho. Pero es una isla en un sentido espiritual. Aunque tampoco es eso, ya que estoy rodeada de lejanas presencias y cercanas ausencias, del recuerdo de otros y de las corrientes de mi propia memoria. ¿Te parezco complicada? Puede ser. Bien sabes que de un tiempo a esta parte sentía la necesidad de aislarme, de reencontrarme con mi soledad perdida (Marcel Proust viejo y peludo!). Por suerte lo entendiste y te confieso que esa comprensión aumentó mi amor (y también mi respeto) hacia vos. Estoy convencida de que el respeto por la soledad del ser amado es una de las menos frecuentes pero más entrañables formas del amor, ¿no te parece?

Creo que los diez años de bienllevado matrimonio precisaban de esta afirmación de nuestras dos identidades. Es un regalo del destino que seamos tan distintos, algo que nos habilita a descubrirnos casi a diario, a que cada uno celebre en su fuero interno el hallazgo del otro. Esto de "fuero interno" siempre me ha parecido una contradicción gastada, inadecuada e inútil. "Fuero" es tan parecido a "fuera" (ya sé que vienen de etimologías distintas) e "interno" tan cercano a "intimidad". Esa expresión, "fuero interno", ¿habrá querido expresar en sus orígenes una intimidad hecha pública, volcada hacia fuera, o sea lo contrario de lo que hoy significa?

Pero retomo el hilo de mi sabia reflexión. Seré caótica pero no tarada. Una pregunta indiscreta: ¿cómo te sientes sin mi? ¿Rodeado, como es habitual, de trabajo, de amigos leales y desleales, y también de mujeres guapas y guapísimas? Dada esa circunstancia, tendría buenos motivos para mis celos. Pero para mi condena, no soy celosa. Ah, no te ilusiones, puedo serlo.
Tú en cambio no tienes ninguna razón para los celos, ya que aquí no estoy rodeada de hombres guapos, sino de pinos, eucaliptus, ranas canoras, amaneceres y crepúsculos, y, en ocasiones, de un silencio nocturno tan compacto que a veces me despierta y hasta me desvela, tan habituados estamos al ruído enloquecedor, cercano o lejano, de las ciudades. Sólo en algunos insomnios me acompañan los grillos, cuya monotonía coral me lo confirmacomo precursores del canto gregoriano. ¿No estarás celoso de los grillos, verdad? Te aclaro que su pequeñez los hace invisibles, así que ni siquiera sé si son guapos (como grillos, claro). Supongo que también entre ellos habrá cánones de belleza; que habrá grillos equivalentes a Robert Redford y otros feos como Peter Lorre.

Lo cierto es que, dormida o despierta, he estado haciendo balance de mi misma. No te voy a contar, por ahora, cuál es el saldo. Para hacerlo, tengo que decírtelo en la cama, desnudo tú y desnuda yo, después de fornicar como Dios manda, mirándote a los ojos para que esos ojos tuyos me vayan comunicando tu respuesta o al menos tu comentario. Todavía creo (te lo dije hace mucho, cuando ya vivíamos juntos pero no habíamos cometido el pecado venial de casarnos) que nuestro mejor diálogo ha sido el de las miradas. Las palabras, consciente o inconscientemente, a menudo mienten, pero los ojos nunca dejan de ser veraces. Si alguna vez he pretendido mentir a alguien con la mirada, los párpados se me caen, bajan espontáneamente su cortina protectora, y ahí se quedan hasta que yo y mis ojos recuperamos la obligación de la verdad. Con las palabras todo es más complejo, pero aún así, si las palabras tratan de engañar, los ojos suelen desmentir a la boca.

Retomando de nuevo el hilo conductor, te diré que la soledad es como un tónico y también una cura de modestia. Un tónico porque, con tanto tiempo y espacio para reflexionar, una va detectando de que sirve y qué no sirve en los recovecos del alma propia. Y cura de modestia, porque a la estricta soledad no tienen cabida lo halagos fallutos, ni los mimos a la vanidad, ni siquiera (no es mi caso) el perdón de los confesionarios.

Mi soledad está además poblada de pájaros. Siempre he sido una analfabeta en cuanto a ornitología, de modo que jamás pude ni podré diferenciar el canto de una calandria del de un zorzal, el monólogo de un mirlo del de un jilguero, y en este tramo de mi vida no pienso especializarme en ciencia pajarera, de modo que he decidido ponerles nombres. Verbigracia: a uno de esos cantautores alados lo llamo Fabricio; a otro, egismundo; a otro, Venancio; a otro más, Rigoberto. Lo cierto es que cuando los llamo por los nombres de mi particular nomenclatura, ellos me responden con una parrafada de trinos.


... Querido: retomo esta carta una semana después de la parrafada de trinos. Ya llevo más de un mes en mi isla verde. Se me ocurre que ya he reflexionado lo suficiente y además he empezado a extrañarte de forma casi enfermiza.
Así como antes sentí la imperiosa necesidad de un aislamiento, ahora tengo una añoranza terrible de tus manos, de tu boca, de tu abrazo, de tu cuerpo en fin. Confío, compañero, que con estos conmovedores llamados no se le vaya a llenar el tafanario (aclaro que este sinónimo de culo lo aprendía ayer) de papelitos, eh.

Llegaré el lunes. Te aviso con tiempo suficiente como para que desalojes de nuestra confortable cama doble a cualquier intrusa y su cuerpo del delito. Te lo digo de broma, claro. O no. Te lo digo en serio. A desalojar, a desalojar, con música de Viglietti. Te anticipo que esta temporada de soledad me ha vuelto muy apetitosa. Besos y besos, de tu Natalia.


(Relato sacado de "Buzón de Tiempo", de Mario Benedetti)