29 ago 2011

Racionalización innecesaria de los sentimientos

Y a veces me arremeten las ganas de escribirte. No sé por qué, sin previo aviso, el cerebro me va a mil por hora y me doy cuenta que debería estar haciendo algo. Hasta que reparo en que no dejo de pensar en vos, de que imagino letras. Ese es mi proceso para escribir. Me agarra una pseudo-hiperactividad, pienso en vos, imagino letras, frases, y ahí está latente: la necesidad.
Te escribo porque te deseo, porque te quiero, porque aprecio cada cosa mínima de todo eso que sos vos. Ese cuerpo que sos vos, con tus manos, con tus rasgos, con tus piernas, con tu sexo, con tu pelo, con tu olor. Y no puedo evitar poner adjetivos. Cálidas, dulces, atractivas, llamativo, revoltoso, tuyo. Esa personalidad que sos vos, con tu voz avasallante y tierna, con tu fiaca continua, con tu excesiva energía a veces, con tu simpatía sin límites, con tu paciencia con límites, con tu risa mínima, con tu carcajada atronadora. Y tampoco pude despegarme de los adjetivos.
¿Sabés por qué me pasa esto? Porque quiero valorizarte todo el tiempo. Me refiero a que me gustás tan intensamente que busco racionalizarlo, buscar palabras que lo definan, ser lo más exacta posible y, además: saber que vos no te considerás tanto como yo lo hago, me motiva todavía más a explicitarte una y otra vez lo especial que sos.
No conozco a alguien tan dulce como vos en los mínimos gestos. No conozco a alguien tan considerado. No conozco a alguien que sonría con esa picardía cuando sabe que se mandó alguna. No conozco a alguien que sea incapaz de pedir perdón cuando se encapricha. No conozco a alguien que pida perdón por cosas que no le corresponden. No conozco a alguien que me cuide tan exageradamente. No conozco a alguien tan sincero a la hora de decirme qué le gusta y qué no. No sé de UNA persona que me importe tanto y, mucho menos, no sé de alguien a quien yo le importe tanto. Es por eso que te amo: porque como vos no hay dos.

21 ago 2011

Sentí corazón, sentilo.

Es raro no estar segura de sentir dolor. De a ratos tengo mucha angustia, ganas de llorar.
Recuerdo tu piel suave, en la que cuando era chiquita reposaba siempre. Recuerdo cuando me sentía un poroto al lado tuyo, me parecías tan grande, tan grande, que era como si pudieras abarcarlo todo.
Cuando reías, o cuando le exigías al abuelo que me hiciera comida: "Dale, negro! Que la nena tiene hambre!".
De tu casa me quedan muchas cosas, las jarras de jugo de siempre, la comida abundante, el patio lleno de secretos, tu cama -donde me arropabas hasta que me dormía, y más cerca en el tiempo, yo me quedaba hasta que vos te durmieras-. Me acuerdo de mi cumple de quince, con el abuelo bailando como un loco. ¡Ese sí que tiene fuerza! (y siente tu ausencia como nadie).
Uno de los momentos más lindos, de los últimos antes de que pasara todo: Estábamos festejando un un cumple en la casa del tío, y me dijiste "¿Hace mucho que estás enamorada?", con una sonrisa de oreja a oreja que nunca voy a olvidar.
A pesar de no haber sido una nieta muy apegada, te quise y quiero un montón; y todos los recuerdos están grabados en mi memoria. En mi alma.

17 ago 2011

MarioBenedetti

Clase media
medio rica
medio culta
entre lo que cree ser y lo que es
media una distancia medio grande
Desde el medio mira medio mal
a los negritos
a los ricos a los sabios
a los locos
a los pobres
Si escucha a un Hitler
medio le gusta
y si habla un Che
medio también
En el medio de la nada
medio duda
como todo le atrae (a medias)
analiza hasta la mitad
todos los hechos
y (medio confundida) sale a la calle con media cacerola
entonces medio llega a importar
a los que mandan(medio en las sombras)
a veces, solo a veces, se dá cuenta(medio tarde)
que la usaron de peón
en un ajedrez que no comprende
y que nunca la convierte en Reina
Así, medio rabiosa
se lamenta(a medias)
de ser el medio del que comen otros
a quienes no alcanza a entender
ni medio.