Sonrío porque ella me hace bien. Porque sé que podría pasar horas y horas mirándola sin cansarme (de hecho suelo hacerlo). Entrecierro los ojos para concentrarme e intentar dilucidar
qué es lo que la hace tan especial. Serán sus
ojos, que reflejan el amor más puro, será la
boca que sonríe cómplice y se entrega en cada beso, será la
nariz que respira calma, serán los
brazos que me rodean toda, serán esas
manos generadoras de escalofríos y estremecimientos, será esa
panza víctima de tantas caricias, o serán esas
piernas que enredan y atrapan...
Ya no sé qué otras opciones hay, pero sí sé que esa magia tan fuerte que hay entre nosotras se afianza y fortalece cada día más. El tiempo que pasamos juntas se transforma en miles de besos, risas y caricias, el tiempo en que no lo estamos nos hace extrañar, desear más intensamente, y acumular ganas de la otra. Ganas de sentirnos.
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