Caminando sin destinos, a la deriva, me encontraba aquel día en que te conocí. Ibas pisando las nubes, como queriendo olvidar.
Los dos no hacíamos más que pensar en los recuerdos que aquejaban nuestras almas, saber que no se puede olvidar es y fue siempre una dura respuesta. Intentarlo, al menos, es manotazo de ahogado... es no reconocer que hay algo más fuerte que nosotros o que nuestra voluntad: lo que en algún momento fuimos, lo que quizás queramos llegar a ser. Por esas cuestiones de la vida, ese día nos encontramos. ¿Tenía que pasar? ¿Nos hizo bien? Preguntas paradójicas si las hay. Si creyera en el destino diría que habíamos sido creados para ese momento, creyendo en lo que creo, sin dudas, no hay dios más fuerte que la voluntad, inconscientemente anhelábamos aquel encuentro, y lo necesitábamos...
Llevábamos en nuestro interior el firme deseo de encontrar un alma, un alma verdadera, a quien confiarle nuestra añorada irrealidad.
Fue el 27 de junio del 2007, yo llegaba con las ilusiones propias de una adolescente, una mente inocente que necesitaba sólo cariño… sincero, y profundo. En cambio vos, en tu mente creabas estrategias, oscuros planes para hacerme caer. Una chica normal quizás, un chico que labraba todos los pensamientos de un firme manipulador.
Nos encontramos, sí, por el deseo de los dos. Me miraste, sonreiste, y mi mundo se dio vuelta. Ahí estábamos, helados, sin saber qué decir; analizando al otro con la mirada. Después, todo transcurrió muy de golpe. Habían pasado dos días llenos de mensajes y llamadas telefónicas, el próximo encuentro iba a ser el 29 de junio.
Esta vez, plaza san martín, y nuestros deseos ya no escondíamos. Un beso había sido la marca de la salida anterior; y una clave para lo que vendría.
Así fue… me dijiste “¿querés ser mi novia?” después de muchas vueltas y arrepentimientos. Casi sin pensar, dije que sí. Tenía algo de esperanza, muchos sueños, y demasiada ingenuidad.
No sé cómo expresar con palabras cuánto me marcaste, todo lo que dejaste en lo que soy hoy. Esos dos meses, llenos de peleas, discusiones, malos tratos e histeriqueadas; hicieron que decidiera dejarte. En el momento de hacerlo, vía telefónica, no lo sufrí demasiado; pero al cabo de unos días el alma me estallaba de recuerdos. Te extrañaba. Te necesitaba cerca. Te necesitaba conmigo y siempre te voy a necesitar.
( 19 de Junio de 2008)
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