Otro 29. Otro día que pasa, y me consumo con tu recuerdo. Es increíble lo mal que me hiciste, en cada reacción y en lo más profundo de mi ser veo tu sello, imborrable. Como cada imagen de ese 29 de julio, como cada sensación, cada tristeza, cada llanto que por vos pasé.
La relación que sin duda más me marcó, la persona que hiciste que fuera, y sin duda parte de lo que soy hoy. Fuiste la única persona que me sobrepasó tanto, la única contra la que nunca pude, la única con la cual no podía ser clara, la única que me lastimó tanto, la única que me hizo llorar tanto, la única a la que amé de verdad.
Desde el principio, siendo Juan, me enamoré de vos. No sé o no veo aún porqué, qué era lo que me atraía de ese pendejo (inevitable llamarte así) de 13 años que entendía poco y nada de madurez-lo que no quiere decir que yo sí lo hiciese- pero así fue, se dio. Volviendo a ese 29/7, empezamos a salir. Me volabas la cabeza. Nunca había sentido nada igual. ¿Era amor? Todavía no lo sé. Ejercías un especie de dominio sobre mí, un control que yo era incapaz de vencer, y tampoco era consciente de que existía. Una lástima, 2 meses de mi vida desperdiciados llorando por vos. Quizás no desperdiciados, no todo era malo. A pesar de que todos los días peleábamos, a pesar de que siempre terminabas agrediéndome, siempre fue mi costumbre entenderte. Encontraste a alguien fiel, que no deseaba abandonarte; descubriste a la victima perfecta de todos tus macabros pensamientos. Gracias, por convertirme en el objeto de tus maltratos una y otra vez. Así, después de cortar con ese noviazgo torturador, yo seguía sin poder evitarte. Creo que es algo que nunca voy a poder hacer. Cada vez que te veía, cuando tenía oportunidad, me desgarraba por besarte, por sentirte cerca, por sentirte mío.
Llegó el 2008, lleno de experiencias nuevas que no vienen al caso; pero vos seguías presente. Qué locura, no podía despegarme de vos.
Como siempre, relaciones ambiguas y simultáneas. Eugenia. Ese jodido nombre que SIEMPRE estuvo de fondo entre vos y yo y que NUNCA quiso desaparecer. Estabas con ella, y yo con vos. Ya era costumbre, lazos multitudinales los tuyos.
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