15 dic 2008

Nada tuyo.

Vine hasta aquí para poder abrazarte y sentí
que ya tus brazos se niegan a ir
hacia los míos lentos.
Hoy vine hasta aquí
dejando atrás el sabor a ciudad,
y la amargura que intento cambiar
no sea mi alimento.
Tan tonto fui, aquella tarde me hiciste dudar, trabaste mi alma con tu frialdad.
Y al volver a mi querida ciudad
contaré a los amigos que un día dejé
esta aventura simple.
Voy a mentir cuando les diga que ya superé,
que nunca hubo dolor en mi piel,
que nada tuyo existe, nena.

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