Acabo de armar un cigarrillo con tabaco. No es que sea una tarea muy difícil, simplemente nunca lo había hecho. La miré hacerlo, me explicó cómo, y lo hice. Primero con su supervisión, después sola.
No es tan grave, pero aún sabiendo eso siempre es complicado.
Desde que conozco a Zoe hice muchas cosas que nunca había hecho. Por ejemplo escuchar mis fantasías, usar un arnés, dejarme llevar. Entender que puede haber una persona que te enseñe algo sin estar por encima de lo que sos ni de lo que pensás. Eso no te hace menos ni hace que ella sea más: sólo sucede y está bien.
No dejo de estar sorprendida.
Después de pasar navidad con su familia vinimos a nuestro departamento y me hizo disfrazar con lo que teníamos en casa. Supongo que no sabe o no dimensiona la verguenza que me da improvisar. No saber algo, fracasar. A ella casi nada le da verguenza y todo le parece divertido. Yo, en cambio, nunca paro de ponerme colorada como si tuviera trece años.
-Y es que quizás de esa edad en adelante solamente tuve vínculos en los que estaba muy por debajo o muy por encima de la otra persona (siempre en mi mente, obvio). -
Todo lo que quiero ser aparece en tus ojos, y a veces desaparece de los míos.
Todo lo que no quiero ser aparece en tu boca, en tus lágrimas a la noche, en tu abrazo pidiéndome refugio. A mi, que te hice llorar. No lo entiendo. No quiero que llueva en tus ojos fuego.
Las veces que me pregunto si te merezco es porque entre vos y yo están mis miedos, y no dejan que vea los tuyos.
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