25 sept 2013

Soñar no cuesta nada

Estaba la mamá de Valen, haciéndome un certificado porque mamá no estaba en casa
Desaparecía.
Aparecía ella, Anto.
Aparecía madre y nos pedía que fuéramos a hacer mandados.
Ella iba al super, creo, y yo a la pollajería de enfrente. Decido comprarle, en el kiosco de al lado, un Cardbury tres sueños mediano, y unos rocklets. La kiosquera, Alicia, se equivoca y y me entrega una barrita de cereal; así que le digo "No, no. Unos rocklets". Salvada la confusión, me entrega los chocolates. Cuando estoy terminando de comprarlos, Anto aparece detrás de mi espalda. Guardo los chocolates, medio los escondo pero creo que ella los ve. 
Giro y veo que tiene sangre en una mano. Me explica: "Iba caminando, había una mina en una construcción y tenía algo raro, me la quedé mirando y me revolearon con algo que me pegó en la mano". La miro sorprendida, compro curitas y nos vamos.
Entramos a casa. Vamos a la pieza de mamá. Nos acostamos. Nos besamos. Se ubica arriba mío y me dice "Tengo muchas ganas de estar con vos". Entonces tenemos sexo, hacemos el amor, esa mezcla increíble.

Termina el sueño.
Es sorprendente porque no suelo recordarlos, y menos tan en detalle. Hace mucho tiempo no soñaba con vos. Por ejemplo recuerdo cómo se sentía al tacto tu piel en el sueño. Recuerdo demasiado bien tus ganas, y las mías obvio. Recuerdo nuestras miradas cuando me contabas lo del accidente y lo mucho que me preocupaba. Me desperté y sonreía porque sentía que te había tenido conmigo algunas horas, que habías venido de visita.

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