20 sept 2013

La eterna despedida

Estaba pensando en cómo se vive después de un corte. O bueno, cómo lo vivo yo... No sé si el resto de la gente está tan traumada. Ver todas las cosas en las que ella ya no está, puedo autocitar un texto de mi cuaderno, fecha 6 de agosto:
"Tus huellas están en todas partes.
La remera de La Renga que usé para dormir.
Mi/nuestro colchón.
Los auriculares blancos que alguna vez te presté.
El frasco vacío de tu perfume de siempre.
Las dos alcancías que me regalaste para que ahorrara.
El señalador del libro que leo.
El cepillo de dientes que te regaló mi vieja.
Tus canilleras.
La camisa que me regalaste (y todas las que me sacaste mil veces).
Un papel con horarios de tren impresos.
La entrada de Perotá.
EL CD de Cultura Profética.
La cajita de anillos donde puse faso y te propuse complicidad oficiar.
T e  e x t r a ñ o ".

Como se ve, no es demasiado fácil. Quizás tenga que ver con que el único lugar donde nos veíamos generalmente era mi ciudad, y sobre todo mi casa. Cada cosa que miro al entrar a mi habitación, está inundada de ella. Camino a tomar el micro y recuerdo cuando nuestros pasos iban juntos. Las cosas que le habré señalado para que mire, pf. Y ella a mi.
Conocer a una persona que tiene juegos de malabares y pensar "Ah, Anto estaría re contenta de estar acá". Estar en un recital y que esa misma frase se me aparezca. Así me pasa con todo, porque me hubiese encantado seguir compartiendo tantas cosas, poder mirarla por la calle y que se me infle el pecho de las ganas de besarla y la emoción de saber cómo se sienten sus besos.
Lo que le falta a mi vida es el sabor, es la adrenalina, supongo que esencialmente el amor. Hay y habrá otros besos, otras caricias, otras palabras. Pero ningunos son sus besos, ni sus caricias, ni sus palabras... Sobre todo, no es su amor el que me inunda, ni el mío puede llegar a rozarla.

No hay comentarios: