28 feb 2011

No razonar, desaparecer.


Necesitar sentir una voz. Necesitar una presencia real. Necesitar una sonrisa, un beso. Pero no cualquier sonrisa ni cualquier beso: los suyos. Necesitar ESE abrazo, ESA mirada dulce, ESA comprensión. Esos mínimos gestos, ese apoyo. Necesitar cuidarla, necesitar amarla. Necesitar hasta desesperar. Darse cuenta que esa persona es la que queremos para el resto de nuestras vidas.

Tardar en pensar, en comprender y en razonar. Hay cosas que la vida pide resolver rápido, y puede pasar que no llegues a tiempo. Es una pena, ¿no? Depende para quién.

Una bola de llanto sube por la garganta, incontenible. Simulas que todo está bien y le decís a tu abuela “feliz cumpleaños!” con toda la aparente felicidad que sos capaz de generar. Y todo pasa. Los segundos, los minutos, las horas interminables. Las supuestas risas, las mentiras más pequeñas que no sos capaz de sostener. ¿estás cansada? Te preguntan, y las ganas de responder “no, estoy demasiado angustiada como para sonreir” te sobrepasan, aunque no puedas exteriorizar nada de eso porque quedaría mal.

No siempre se puede estar triste.

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