24 feb 2011

Mire donde mire, te veo.


Mi vida está impregnada de vos. Calles, plazas, olores, sábanas, ropa. Todo insoportablemente relacionado. Me siento agotada de intentar sonreir, de buscarle lo positivo. ¡Qué idiota fui! ¿Cómo pude haber perdido de vista que tenés 14 años? ¿Cómo me di el lujo de pensarte madre de mis hijos? Ahora todos esos sueños frustrados pesan, y no sabés cuánto.

Prefiero mi vida con vos, mi vida mezclada con tus particularidades, llena de pureza e ilusiones; prefiero nuestra vida juntas a este vacío, este silencio tan hablado que me retrotrae a situaciones hermosas que cada vez duelen más.

Me recuesto en la cama y pienso… “¡Cuánto te extraño, pendeja! Cuántas veces reímos acá, cuántas veces te desnudé en esta cama, cuántos minutos habremos pasado mirándonos a los ojos”. Es increíble que todo haya cambiado tanto. Me siento una nena a veces, sin saber qué hacer ni qué decir… Necesito que me agarres fuerte la mano y me guíes… Encontremos el camino, pero juntas, por favor.

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