Se queda sin respiración, anonadada. Trata de asimilar lo que apenas una hora antes sucedió. ¿Es posible que, después de tantos intentos, al fin las cosas estén tomando el rumbo correcto? ¿Es posible que sea ella la indicada?
El lenguaje de su cuerpo la enloquece. Los estremecimientos y los escalofríos golpean agradablemente sus corazones. La piel se congela, sin embargo surge mágicamente una contradicción, porque está ardiendo. En ese instante los circuitos cerebrales se congelan, se paralizan. Ya no se puede pensar. Es momento de sentir esa unión interminable nombrada hace meses… Es real, es tangible; está ahí para las dos. Es su mundo, su suerte, su elección.
Ya no hace falta nada; las palabras son innecesarias para ellas. El silencio, una mirada, escuchar la respiración de la otra. Eso les basta para sentirse felices.
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